Discurso
Xochimilco es uno de los territorios más singulares de la Ciudad de México: un espacio que existe simultáneamente entre mundos. Entre la megalópolis y el agua, entre la memoria prehispánica y la vida contemporánea, entre lo que se transforma y lo que persiste. No es del todo ciudad, no es del todo campo. No es pasado ni es del todo presente. Es, en su esencia, un umbral.
Es precisamente desde esa condición liminal que nace esta residencia artística. Ubicada en una casa en los márgenes de Xochimilco, la residencia convoca a cuatro artistas el habitar este territorio durante un periodo de tiempo determinado, abierta a cualquier forma de práctica artística ya sea plástica, conceptual, curatorial, editorial, musical o experimental sin límites creativos ni fronteras disciplinarias, con el objetivo de desarrollar proyectos artísticos que se desarrollen a partir de una interacción consciente con su entorno.
El concepto que guía este proyecto es la chinampa entendida como método. Estas islas artificiales, construidas a partir de capas de tierra, vegetación y agua, fueron una de las tecnologías agrícolas más complejas de Mesoamérica. Su lógica se basa en la paciencia y la acumulación: no se edifica sobre lo firme, sino sobre lo que parece inestable, y es justamente ahí donde aparece lo fértil.
Tomamos esa lógica como principio creativo. Los proyectos que surjan de esta residencia no partirán de ideas cerradas, sino que se irán formando por capas, con el paso del tiempo, desde la observación, la escucha y el contacto directo con el territorio y sus comunidades.
En un contexto donde la producción artística responde cada vez más a lógicas de inmediatez, esta residencia propone lo contrario: un espacio para detenerse, para dejarse afectar, para cultivar. Los cuatro artistas residentes no vienen a documentar Xochimilco ni a imponer una narrativa sobre él, sino a habitarlo con atención y respeto, permitiendo que el territorio mismo informe y transforme su práctica.